La última vez que escuché de ella fue en un mensaje de texto al que jamas contesté, incluso no abrí. No lo hice en un principio porque
definitivamente la forma en que percibo la realidad es diferente a
como ella esperaba, y la defraudé. Sabía que me había escrito, sabía que días antes habíamos tenido un encuentro importante, igual
como fue hace pocos meses. Los días son más largos por algún razón,
pero aún así, no tuve tiempo de frenar mi cotidianidad y contestarle.
Lo dejé en mi mente para después, y ese después no llegó. Ahora
duermo más que nunca, siento más que nunca lo que otros irradian,
pero ella ya se ha ido. 20 días más tarde al mensaje que me dejó, me enteré que había muerto. Una noticia que hoy me sacude.
He visto decenas de videos de personas que indican que desde que
se enteraron, han experimentado algo diferente a otras partidas, porque hablar con ella, estar cerca, era como ir a un lugar favorito. Ahora que
una de sus partes cesó sus operaciones, algo ha surgido en sus
amigos, en aquellos que quedamos por ahora. Quizás es un estado de tristeza y culpa, pero para mí es también un despertar a sentir nuestras
cotidianidades, y muchos de ellos hablan de un cambio vibratorio del
vacío, del recuerdo inconcluso.
Lamento profundamente que su cuerpo ya no esté aquí en este
planeta. Pensé en un principio que era solo una moda, trending, o algo
similar el estar subiendo fotos constantes de quienes se han ido, pero ahora he comprendido que la catarsis se hace sin importar lo
trivial y aleatorio. Ahora lo constato yo también.
Debí responder a su mensaje. Quisiera decirle que la quiero y que
siempre ocupará un lugar relevante en mi vida.
Hace unas horas vi la tarde desde mi ventana, los árboles que
recibían la lluvia del domingo, las flores que tanto ella ansiaba conocer, la fuente que se desbordaba, y los dos anturios que
yacen en mi patio estaban pausados, no se movía ni una sola hoja,
el segundero del reloj de arena había dejado de caer, como tampoco caían más las lágrimas.
Lo cuestioné mentalmente; y luego, como si fuésemos uno,
un rayo iluminó el ambiente y con prisa el estruendo de un trueno
agónico rugió con fiereza logrando que titilaran todas las luces, y
en ese preciso instante comenzaron a moverse en las que me enfocaba,
así que exorcicé su imagen y nos movimos juntos al compás de un brindis que durará por siempre.
¿Consecuencias? Muchas quizás, y poco podemos hacer para evitarlas,
pero más allá de las despedidas tristes, de los cargos de consciencia y arrepentimientos, me quedo con algo que ella me dijo con canciones,
un mensaje ha llegado, confía en el proceso y vibra alto con tus actos,
desafinada en su voz, pero con la energía suficiente para hacernos reír y enfocarnos en lo que verdaderamente ella quería...ser feliz y lograr
atraer lo que el alma desea, es posible ahora, este es el momento.
Vuela alto mi A.Y.
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