Un grupo de gitanas danza alrededor del fuego mientras la noche suena a tambores y copas que se estrellan suavemente entre bullicios y carcajadas. Yo camino entre la multitud y observo las faldas de quienes bailan libremente en una ronda que no parece tener fin. Me acompaña una mujer que no reconozco, pero sé que somos muy cercanos, quizás amantes, tal vez amigos íntimos...
La escena anterior es parte de un sueño de sábado en la noche, y este escrito comienza inmediatamente después de haberme despertado a eso de las 4 de la madrugada. Decidí plasmar el sueño en este blog, o por lo menos las cosas de las que me acuerdo con claridad, porque me resultó perturbador.
Mientras caminamos (mi supuesta amante y yo) -- y lo digo así porque siento una conexión sexual y orgánica de complicidad con ella, observo una montaña de tierra rojiza llena de personas que hacen una fila para subir. Inmediatamente llego hasta allí, y veo a la distancia a un hombre que luce exactamente como mi padre fallecido hace 4 años.
Me salto la fila y como puedo llego hasta él. Al mirarlo de frente me doy cuenta que es mi viejo. Sin pensarlo lo abrazo y siento su olor característico (todos tenemos uno). Lo beso varias veces y le pregunto qué está haciendo ahí. Me dice que no haga escarmiento, que no llame la atención de los presentes, que él está visitando países ahora que tiene más tiempo.
No entiendo mucho eso de los países, pero lo importante para mí es que luce bien, aliviado, radiante. Va solo en su fila, se ve alegre. Yo intento abrazarlo de nuevo, pero una mujer gitana lo impide, me toma con fuerza del brazo y me arrastra hacia la base de la montaña. Intento soltarme pero su fuerza es superior. Me enojo, pero ella me grita con insultos. Su energía es áspera, repele la mía. Quiero ver a mi padre nuevamente, pero ella lo impide con violencia.
Luego me tira al suelo y se ríe a carcajadas, al tiempo en que otras mujeres le hacen eco a su burla. Desde el piso de tierra veo que la malvada que me ultraja se acerca por detrás a varias personas que miran la danza, y les roba sus pertenencias. Me pongo de pie rápidamente y grito que los están robando; entonces la mujer se acerca furiosa, me toma del brazo y me arrastra hacia un terreno donde hay un hombre leyendo el futuro.
Aquel sujeto me mira de manera displicente, luego me ignora. La mujer le dice algo en un dialecto que desconozco, y él me mira nuevamente sin ningún gesto en su rostro pálido. Ella, enojada por su actitud, me dice:
-Te vas a morir.
Yo me asusto un poco e intento salir de aquel lugar, pero ella vuelve a insistir levantando la voz:
-Ya tienes fecha de caducidad, luego se ríe a carcajadas.
Entonces aparece una pantalla gigante al frente de todos, donde ella marca la fecha de mi muerte.
31 de marzo del 2028, leo en letras doradas.
Perturbado por lo que acabo de escuchar y ver, salgo de aquel sitio con rapidez, y luego no hay nadie por ninguna parte. Estoy completamente solo en ese espacio, donde ni siquiera queda la montaña.
Inmediatamente abro los ojos y me doy cuenta que todo ha sido un mal sueño, una pesadilla. Respirando agitado me levanto, me sirvo algo de tomar y camino hacia mi balcón. La noche está estrellada, la luna aún alumbra el firmamento oscuro, y las palmeras que adornan mi paisaje logran calmar por un momento mi incertidumbre.
Me niego a creer que aquel sueño sea una premonición fatal sobre mi destino, y mucho menos que mi papá esté viajando a otros países sin mí.
Sé que la vida es breve y que en algún momento todos partiremos de este lugar, pero hasta que eso suceda, la vida continúa, incluso cuando dormimos. Por eso yo no pretendo desaprovechar ni un momento, ni siquiera entre sueños con gitanas bailarinas, amantes desconocidas, malvadas que me quieren llevar a vivir al otro lado y mi viejo, que al parecer ya consiguió una visa infinita pa' todas partes. Buen viaje, papá.
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