Últimamente paso noches enteras sin conciliar plenamente el sueño, dando vueltas en la cama, pensando con angustia en que debo madrugar a trabajar y que pasaré el día descompensado por el cansancio acumulado. Muchas de esas madrugadas me levanto y planeo escribir algo medianamente interesante, pero para mi desventura, y la buena suerte de mis lectores, no logro hilar mis pensamientos en la pantalla y lo único que hago es circundar en mis pensamientos hasta que la luz del nuevo día comienza a iluminar el árbol que se posa justo al frente de mi ventana.
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